Si yo pudiera imaginar un cuadrado infinito y hacerlo girar sobre sí, su movimiento lo convertiría en un gran círculo y si a la vez lo hago rotar, el círculo se convertiría en una esfera infinita con un centro preciso. En ese centro equidistante al infinito me hallaría a un radio de sus bordes fugaces, allí exactamente allí y no en otro lado, construiría mi jardín de invierno, y sobre una mesa pequeña me sería posible escribir relatos imposibles.
jlc
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