El hombre es la mujer desdoblada hacia adentro,
formando un único
templo,
suspendido en el
abismo por el Reino del Espíritu,
antes de la
creación,
sin un adentro y
ni un afuera,
antes de la caída,
antes de
constelar lo imposible
en el tiempo y
en el espacio,
pura creación de
un error de cálculo,
de un complicado
laberinto de los sueños.
Y aquí estamos
como al fondo del Espíritu,
buscando el
rostro, aquel que active esa memoria,
aquel del cual
somos su desdoblamiento,
inventando el
afuera y el dolor.
El hombre como
la mujer
están desdoblados
desde los sueños
hacia el Amor
central,
más allá de
todas las cosas conocidas,
inevitablemente.
Jorge
Costa.
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