El verdadero Yo no está hecho de
experiencias, no está hecho, no fue creado, siempre es, nada posee, ni necesita
alimentarse, ni vivir ni morir. Y sin embargo, hay secretos del otro mundo en
el cuerpo humano, que activados pueden hacer que la otra memoria de lo no
vivido maten al fantasma natural que se interpone entre lo que somos y el nuevo
cuerpo tiempo, listo para la cruz y la muerte mística de ese yo lúgubre y
milenario que cree que puede decidir sobre las cosas inmortales. Ese proceso no
lo hace uno, viene cuando menos lo esperamos y nos roba todo lo que “poseemos”
como un ladrón en la noche.
Jorge
Costa
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